Existe un lugar Mágico. Se llama Andares

En Andares, desconecto y me zambullo con mis hijos, los veo, los observo, comparto espacio, tiempo, juegos, emociones con ellos y los conozco y los descubro. En él desaparezco para encontrarme con otros niños y otra niña, yo, y con otros padres, con mis mismos miedos, mis mismas alegrías, mis mismas dudas.

Es un lugar en el que me permito jugar con mis hijos, descalzarme y tirarme al suelo, descubrir texturas, formas, emociones, juegos… Descubro su mirada de sorpresa, su nerviosismo por saber qué juego vendrá después, cómo expresan sus emociones, ¡sí! porque ellos también tienen emociones y si les escuchamos atentamente nos las van a mostrar y nos las van a contar, sólo hay que darles tiempo y espacio para ello. Saber escucharles desde pequeños es algo que vamos a agradecer el resto de nuestra vida, porque cuando sean adolescentes, jóvenes, adultos… contarán con nosotros y compartirán con nosotros sus miedos, sus alegrías, sus proyectos, preocupaciones, sus ilusiones… de esta manera el día de mañana podremos irnos a la cama un poco más tranquilos cuando salgan por la noche, cuando se vayan de fin de semana, cuando tengan pareja, cuando tengan problemas… porque sabremos confiar en ellos, lo hemos estado haciendo desde que nacieron y eso les da seguridad.

Nuestros hijos son nuestro espejo, nuestro reflejo más puro, es importante saber mirarlos para poder vernos, ver si lo estamos haciendo bien o debemos buscar otra manera mejor, ver nuestro reflejo de mamá/papá cariños@, comprensiv@, histéric@, autoritari@ o intransigente, exigente, nervios@, tranquil@, insegur@, firme, paciente, asertivo, amable, respetuoso… Es cierto que somos su guía, somos responsables de que estén bien, y de que sepan estar bien. Somos sus primeras “relaciones serias y duraderas”, de compromiso, compromiso que hemos adquirido con nosotros mismos al traerlos al mundo. En función de cómo sea esa primera experiencia así se marcarán las siguientes. A quién no le ha marcado un desengaño o dos… o un amor romántico o una amistad verdadera.

Existe un lugar mágico,  Andares, lleno de risas, alegría, momentos de conflicto con un entorno propicio para resolverlo, sin juicios, con respeto, sin rencor. No hay juicios, todos vamos a lo mismo, a jugar, a explorar, a construir mundos alternativos, a comprender cómo es el mundo sin decirles cómo deben descubrirlo, sin estropearles esa sorpresa, ese final de la película. Que si se equivocan no es un error, es otra forma de enfrentarse y resolver su mundo, y aprenden a buscar otra manera mejor de hacerlo si la primera fracasó. Pero siempre teniendo un apoyo, sabiendo que estamos con ellos para lo que necesiten: compañía, un observador, un participante, un pilar firme y seguro…. Que les queramos a pesar de que se tiren al suelo y den pataletas, aunque se haga pis los primeros días de quitarle el pañal, aunque le quiten el chupete a su hermanito pequeño. Son niños y necesitan su tiempo, y su desarrollo es distinto al nuestro de adulto, y su mundo es distinto a nuestro mundo de adultos, donde les queremos sumergir lo más rápidamente posible, ¡parémonos a pensar y a sentir con ellos! Un lugar mágico que nos recuerda que también, en algún momento, fuimos niños y que si entonces no jugábamos, ahora podemos hacerlo. Siempre hay una segunda oportunidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *