Mucho más que juego, es un laberinto de emociones.

El niño es contradictorio en sus sentimientos entre querer ser mayor y seguir siendo un bebé.
Comprender sus emociones, es aprender a dialogar con él.

En esta etapa las rabietas son frecuentes siendo necesarias para el desarrollo de la propia identidad. En estos momentos el niño necesita sentirse contenido en su furia. Nada mejor que unos brazos firmes llenos de amor arrullando sin palabras al pequeño que se transforman en un diálogo.

El adulto pone límites al pequeño al contener sus emociones ya que se siente desbordado. Las rabietas son imprescindibles y constituyen una etapa importante en el desarrollo de la personalidad del niño donde tiene que afrontar un sinfín de nuevos aprendizajes.


Jugar con el agua, diversión asegurada.

El niño de 18 meses le encanta juguar con el agua.

Jugar con agua es una ayuda para aprender a controlar los esfínteres de una forma divertida y sin exigencias.

Papás juguetones, bebés felices.

Nos encontramos padres muy juguetones que disfrutan con los juguetes de sus pequeños como si fueran para ellos. Esto es fantástico ya que seguramente disfrutarán igualmente jugando con sus hijos.

Hay veces que el entusiasmo parental es tan grande que se transforma en una clase de “funcionamiento del juguete” impidiendo la investigación espontánea y creativa por parte del niño.

Imagina por un momento que estás en el cine viendo el último estreno de tu director favorito junto a tu mejor amigo, y para que comprendas lo interesante que es la película, te va contando todo lo que sucede cinco minutos antes de que ocurra. Realmente perderías el interés por la película y tu amigo lograría que nunca más le pidieras que te acompañase al cine. Intenta no cometer el mismo error con tu hijo.


Operación derribo
El juego favorito del bebé de un año suele ser construir torres.

El niño utiliza sus primeros bloques de construcción para apilar y derribar.

Las manos las utiliza con precisión y velocidad al coger, soltar o colocar objetos. Domina los juegos de construcción en posición horizontal y vertical. La capacidad de adaptación del cerebro del niño es extraordinaria: al colocar los cubos en vertical está creando nuevas conexiones sinápticas y al hacerlo en horizontal se beneficia la coordinación óculo-manual. A medida que va comprendiendo el porqué de las cosas y situaciones su cerebro irá reorganizando y almacenando el proceso, integrándolo en todas las experiencias previas. El “Juego operación derribo” se convierte en el juego estrella de esta etapa de desarrollo.

Escoge bloques de material adecuado, como por ejemplo gomaespuma, ya que son grandes pero livianos y de fácil manejo, de diferentes formas y colores y cómodos para apilar y derribar.

El mayor placer del niño será derribar los bloques para construir nuevamente (noción de objeto permanente). Mediante la construcción, el pequeño se apropia del juguete y se diferencia de él, se reafirma en que el juguete no es él, sino que es de él.

Es un concepto de vital importancia, y su descubrimiento le producirá una profunda satisfacción. Es conveniente no interrumpir el proceso ni prohibir que derribe las torres que construye. Lo sorprendente de este juego es que el niño puede volver a montarlo las veces que quiera.

El juego de construcciones es muy recomendable cuando hay varios niños juntos. A través del juego entenderán la importancia de las pautas sociales al descubrir que cada uno de los integrantes del grupo tiene un comportamiento diferente en el juego. El descubrimiento ampliará y enriquecerá su mundo social revelando distintas maneras de comportarse. La generosidad se demuestra en la familia y el niño cada vez ira imitando lo que ve a su alrededor y no lo que se le dice, por esto es importante el ejemplo.

Las piezas de construcciones se prestan para organizar un juego donde pueden disponer de todas las piezas o bien tener cada uno las suyas, todas muy similares. Hay niños que necesitan tener sus piezas localizadas, respetar esto será imprescindible para propiciar el saber compartir en el futuro.

El control de esfínteres.

El pequeño va creciendo a pasos agigantados y casi sin darnos cuenta parece que llegó el momento que dé su primer paso hacia la civilización, ya que la sociedad ha decidido que para entrar en la etapa de educación infantil en el colegio el niño debe “estar limpio”.

Este acto tan cotidiano para nosotros ha supuesto un largo camino en la corta vida del pequeño. Hace muy poquito era un bebé adorable, el rey de la casa y sus padres estaban fascinados y felices por el simple hecho de contemplarlo, de cuidarlo, arroparlo, alimentarlo y, su sola presencia, los gratificaba y colmaba plenamente. Le limpiaban el culete entre carantoñas y palabras cariñosas observando el color y la textura de sus cacas. El chiquitín complacido con semejantes menesteres cumplía, cuándo y dónde él deseaba, mejor dicho en el pañal y en los sitios más inverosímiles. Así se reafirmaba nuestro bebé que todo lo que salía de su cuerpo eran regalos maravillosos, perfectos y bien recibidos.

De repente, el mundo se ha vuelto loco y le apabullan con las exigencias de la civilización descubriendo que algo suyo ya no es del agrado público. Llegó el momento de cambiar la historia y comenzar con la educación.

La enseñanza es conveniente que se desarrolle sin traumas, sin exigencias ni prisas, pero sí con firmeza, ternura y comprensión. Cuando el niño adquiere madurez física y se encuentra preparado para ello, de una manera totalmente natural, sin ser demasiado rígidos ni permisivos hay que enseñar al pequeño dónde puede colocar este hermoso y valioso regalo que es “su caca”. Él se siente dueño de lo que está dentro de su cuerpo y, por ende puede hacer con eso lo que quiere. Este hecho da al niño una enorme sensación de poder: “ahora sí te lo ofrezco como un regalo”, pero “ahora no, esto es solo mío” o “lo guardo todo para mí, ya que si te lo doy me quedo vacío y sin ninguna influencia sobre ti”. Estas suelen ser las fantasías de los niños alrededor del acto del control de esfínteres.

Esta etapa anal se presta a que el niño manipule a su entorno y descubra que puede llamar la atención, la preocupación y la presencia de la madre cuando él quiera. Él decide si hacer caca o no. A través de las defecaciones, el niño puede procurarse por sí mismo un estado de placer o prolongar el malestar. Él decide si retiene sus heces o si las expulsa y de qué manera convertir este acto en un placer. De la misma manera que en el primer año (etapa oral), cuando era bebé le colmaban de un profundo placer el pecho de la madre o meter en la boca el chupete o el dedo. En esta nueva etapa las sensaciones corporales de alguna manera están ligadas a las sensaciones y adquisiciones afectivas y emocionales.

A medida que vamos creciendo ponemos en juego los mismos mecanismos mentales de la infancia pero en otras historias tales como: atesorar cosas, dinero o conocimientos, ser generosos o avariciosos: “Esto es todo mío, me pertenece o me deshago de todo sin darme cuenta”. Nos preguntamos qué ventajas pueden tener tanto para el niño como para el adulto seguir con estos mecanismos mentales. ¿La sensación del poder? Ser dueño de algo con lo cual se hace lo que se quiere. Contener, retener, deshacer, dominar son sensaciones a las que no es fácil renunciar y podrían acompañarnos durante toda la vida.

Ahora, que nos hemos familiarizado con la historia de la “filosofía de hacer caca”, es fundamental tener en cuenta que la enseñanza solo la podremos comenzar cuando el niño esté lo suficientemente maduro, Ha de existir una madurez neurológica para dominar los esfínteres acompañada de la capacidad de esperar y contener las urgencias de sus impulsos, un buen lenguaje para comunicarse y a la vez que comprenda lo que se le dice. Como muy pronto estas capacidades no suelen aparecer antes de los dos años, incluso algo más por lo tanto, sería un tiempo perdido empezar la enseñanza antes de que cuente con todas estas capacidades ya que, para el niño el control de esfínteres siempre será una imposición por parte del adulto (la sociedad). Hay que hacerlo ameno divertido y lo más natural posible y prepararlo a través de juegos.

En esta etapa de desarrollo, el niño se construye a través del juego, que le permite probar en versión pequeña, acotada y controlable experiencias de la vida cotidiana que le vienen grandes. Ayúdale a preparar el entorno para que tenga los estímulos suficientes y ricos para desarrollar su personalidad.

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Mail: elizabeth@efodor.com

Jugar es aprender y aprender es disfrutar del saber.

 De 15 a 18 meses de la vida del bebé. Jugar es aprender y
                             aprender es disfrutar del saber.
De 15 a 18 meses de la vida del bebé