Cinco pistas para quitar el pañal

 

 

fotos tmsonrisas 237

Con la llegada del buen tiempo, sobre todo en la época de vacaciones de verano y a las puertas de comenzar el cole de mayores, el control de esfínteres se convierte en uno de los temas principales entre las mamás de los niños y niñas de entre 24 y 36 meses.

Lo que no estoy segura es de sí todos tenemos las mismas ideas en la cabeza cuando hablamos de control de esfínteres.

Retirar el pañal es la culminación de todo un proceso por el que pasa el niño en estas edades, como todo proceso, lleva unas etapas y hay que contemplar algunas variables, para que todo vaya en armonía y se desarrolle de la manera más respetuosa posible. Tanto para el niño como para los padres. Mucho cuidado con el momento en el que está, cambio de casa, adiós al chupete, de la cuna a la cama… una cosa cada vez por favor.

Si estáis pensando en retirar el pañal os sugiero que os fijéis en lo siguiente antes de comenzar:

  1. Muestra interés por ver a papá y a mamá en el baño. Le dejaremos ver ya que aprenden por imitación y les encanta hacer cosas de mayores
  2. Si hay bebés u otros niños con pañal se acerca para ver cómo les cambian
  3. En ocasiones informa de lo que está pasando o de las sensaciones corporales que tiene.
  4. Mantiene el pañal seco durante varias horas
  5. Le gusta jugar con el agua, con plastilina o materiales similares que emulan pis o caca. Dejadle que juegue, proyectará en estos materiales sus necesidades y curiosidades.
  6. Contadle algún cuento que haga referencia al tema. Veréis si el tema le atrae o no en función del interés que muestre por el cuento.
  7. Salta con los pies juntos. Al conseguir esto el esfínter se contrae, indicando la madurez a nivel muscular, al fin y al cabo el esfínter es un músculo.
  8. Sube las escaleras alternando los pies

Si las respuesta a la mayoría de estos aspectos es “SI”, entonces manos a la obra. En los siguientes post intentaremos ayudaros en este proceso. Despacio pero con buena letra.

¡Al fin libre, adios al pañal!

Muchos miran hacia atrás y se ríen al recordar lo competitivos e impacientes que fueron intentando que su hijo fuera el primero, o por lo menos no el último, en desprenderse de los pañales.

Ahora están convencidos de que el niño habría aprendido a ir al váter mucho antes y con mucho menos estrés si ellos no se hubieran tomado este aprendizaje como un indicador de sus propias aptitudes como padres. Del mismo modo que un niño aprende a andar y a hablar cuando está preparado para hacerlo, un día tu hijo se despojará de los pañales y aprenderá a usar el váter.

Dicho esto, no creo que haya otra edad más apropiada para iniciar este proceso que entre los dos y los tres años. Este es el período en que los niños se dedican a poner a prueba constantemente quién manda para hacerse una idea de cuál es el lugar que ocupan en el mundo.

Aprender a usar el váter proporcionará a tu hijo un nuevo sentido de la autoestima, el autocontrol y la independencia: “mira, ya sé hacerlo solo”. El paso de los pañales a las braguitas o calzoncillos suele asociarse a un enorme cambio en la personalidad del niño. Es muy probable que, de golpe, tu pequeño se vuelva mucho más seguro de sí mismo, e incluso, parezca estar más tranquilo.

Ayudar al niño durante este proceso requerirá una enorme dosis de tacto, tiempo y paciencia, además de creatividad. Es posible que, por primera vez, te des cuenta de cuál es el estilo de aprendizaje de tu hijo y el sistema de enseñanza que te demanda. Es posible que sientas cierta envidia al ver cómo la hija de tu mejor amiga, con solo 23 meses, es capaz de utilizar correctamente el orinal y de llevar unas bragas de un blanco inmaculado. Pero no obligues a tu hijo a aprender antes de que él manifieste interés por hacerlo. Él se encargará de darte pistas, alguna muy sutil cuando esté listo para aprender. La mayoría de los médicos coincide en afirmar que un niño ha de haber cumplido dos años por lo menos para tener el suficiente control muscular que le permita retener la orina en la vejiga durante varias horas. Además, cuanto mayor sea el pequeño, más fácil resultará explicarle el proceso y más orgulloso se sentirá de su propio éxito.

En la vida, todas las cosas tienen su momento

El primer jueves de cada mes.


Clara Kirmayer


Clara Kirmayer
Colabora con el blog para ofrecernos su amplia y sólida experiencia profesional en el mundo infantil.
Ella es psicóloga psicoanalista especialista en niños y adolescentes.
Es miembro de la Asociación Escuela de clínica psicoanalítica con niños y adolescentes.
Colabora con Andares en el área de educación impartiendo cursos y talleres participativos a padres y educadores, relacionados con la “Comunicación emocional entre padres e hijos” publicado en el libro “TODO UN MUNDO DE EMOCIONES” editado por Pirámide.

En este oficio de ser padres que es tan apasionante y duro a la vez, en el que día a día estamos aprendiendo y descubriendo facetas propias y a la de nuestro hijo que desconocíamos, a veces nos asaltan dudas, y buscamos consejo y orientación.
Pero ocurre que en algunos temas, cuantas más opiniones recojamos, más complicado resulta saber cuál es la acertada para nuestro caso en particular.

Vivimos en una sociedad cada vez más acelerada, donde se prioriza el “ahora mismo”, antes que la reflexión, a veces pretendemos encontrar la “receta” que nos calme de forma inmediata y absoluta.
Aprender a escucharnos, intentar ser coherentes y dedicar un tiempo a pensar en lo que verdaderamente nos está pasando para poder clarificar las nubes oscuras y de esta manera encontrar el camino para poder disfrutar plenamente de nuestra vida.

EXPON tus dudas ella está dispuesta de escucharte y contestarte el primer jueves de cada mes. [Ver más]

¿Hay un momento adecuado para tener un bebé?

El otro día mi amiga Noé – al encontrarla por la calle de pura casualidad – me contó que estaba embarazada.

Mi amiga

La felicite con una alegría inmensa dándole un abrazo y un sonoro beso.
Pero ella no parecía compartir mi alegría y al ver mi sorpresa, decidimos tomar un cafecito para charlar un rato.
En la conversación ella me contó que estaba muy preocupada ya que no se sentía tan feliz como cuando estaba esperando su primer bebé. A pesar que en aquellos momentos lo pasó muy mal, con mareos constantes y el estómago revuelto como si estuviera permanentemente en un parque de atracciones sobre la montaña rusa.
En cambio ahora se sentía muy bien, inclusive llena de energía, ya que al fin encontró el puesto ideal en su trabajo que estuvo esperando tantos años.
No era el momento adecuado para tener otro bebé, consideraba que le iba a trastocar completamente su rutina diaria.

EL AQUÍ Y AHORA

Noé con un halo de tristeza me afirmaba: “Al fin logré que me ascendieran. Mi profesión es mi vida, el trabajo es lo primero. En este embarazo todos son inconvenientes y pegas, hasta tal punto que quiero ponerle el nombre MOLESTIA”. Me miro fijamente con sus hermosos ojos de color avellana a la vez que preguntaba “¿tú crees que estos pensamientos y emociones que pasan por mi cuerpo podrían perjudicar al bebé?”

PENSAMIENTOS Y SENSACIONES

Estas sensaciones y pensamientos son mucho más frecuentes de lo que podemos imaginar.
La dualidad en el ser humano está presente durante toda su vida y en el momento de la gestación la mujer afronta un fuerte cambio hormonal y se encuentra más sensible y receptiva.

BUSCANDO LA SOLUCIÓN

¡Qué no cunda el pánico! Nada de culpabilidades o exigencias extras.
La vida es pura magia. Incorpora esta magia a tu vida.
Llena tu mente con pensamientos positivos como “éste bebé viene con un pan bajo el brazo”.
En los tiempos que vivimos esto si es magia pura. “Hay espacio para todo tipo de madres en el mundo; algunas son buenas para ciertas cosas, y otras, para otras” (D.W. Winnicott pediatra y psicoanalista 1896-1971).
Aceptarte cómo eres simplemente porque es algo natural, y todo lo natural suele tener muy buenos fundamentos.

En el caso si te invaden las dudas o preocupaciones vuelca sobre un papel en blanco tus sensaciones y procura distinguir entre lo que es tu “aquí y ahora”, tus pensamientos y sensaciones, estoy segura que lograrás encontrar un camino hacia la solución pero sin culpabilidades o exigencias extras.
Si no obstante, sigues dándole vueltas al tema recurre al blog en busca de ayuda.

Relájate

Cuando sientes que el camino se hace denso y tus fuerzas flaquean y estas agobiada

RELÁJATE

y conecta contigo mismo, no importa que sean solo unos pocos minutos.
Disfruta de la sensación placentera de estar solo contigo mismo. Sentirás como recargas pilas y verás el mundo con otros ojos.
Elige el momento cuando sepas que alguien de tu confianza se puede hacer cargo de tu bebé, solo serán unos diez minutos.
Acomódate sobre la cama y abandona tu cuerpo percibiendo como te arropa y que siempre está ahí para sostenerte.
Deja que los pensamientos que surgen en tu mente, vengan y vayan como las nubes en el cielo que van y vienen.

Nada que pensar, nada que hacer.

Relajate

Comenzarás a percibir los primeros signos de relajación cuando sientas el aire sobre tu piel, la profundidad de tus músculos y de tus huesos.
Afloja la mandíbula, el paladar, la lengua se hace ancha en la boca casi tocando las mejillas, el entrecejo se va relajando así como la cuenca de los ojos, la garganta, las cuerdas vocales, el cuello, hombros, brazos, muñecas, manos y cada uno de los dedos.
Toma conciencia de tu respiración y siente el movimiento suave de pecho y abdomen.
Percibe el contacto de las nalgas sobre la superficie, los muslos, pantorrillas, tobillos, talones hasta los dedos de los pies. Siente cada uno de los dedos de los pies donde las tensiones salen y se esfuman del cuerpo.
Disfruta de este momento y del placer de estar contigo mismo, escucha el sonido interior de tu cuerpo.
Siente la energía positiva que llega del Universo como una brisa cálida y te llena de bienestar, sosiego y paz.
Al incorporarte hazlo lentamente para volver a contactar con todo lo que te rodea.

Ahora ya en relajación… disfruta de tu bebé

Front2 page Elizabeth Fodor

Front3 page Elizabeth Fodor

El primer año

El primer año

Mi bebé y yo.
El apego.
Mimos y caricias para encontrar el significado de la vida.

… [Ver más]

El segundo año

El segundo año

El bebé aventurero.
A la conquista de la independencia.

… [Ver más]

El tercer año

El tercer año

“Niño pequeño” o solo “bebé grande”.
Aprendiendo a volar.

… [Ver más]

¿POR QUÉ PERMITIR A MI HIJO NO COMPARTIR ALGUNAS DE SUS COSAS?

Hola a todos, soy una madre con dos hijos.

Desde que nacieron los llevo a clases de juegos en Andares. Me gustaría compartir con vosotros una anécdota que me pasó un día con mi hija cuando tenía tres añitos.

Como ya sabéis, con la llegada del buen tiempo, vienen las visitas casi diarias al parque. Hacía tres días que mi hija había celebrado su cumple en el cole, recibiendo dos regalos muy especiales para ella: una pelota, que llevaba anhelando algunos meses, y un aro. Desde ese momento el resto de juguetes quedó en un segundo plano.

Al prepararnos para ir al parque, teníamos que elegir qué juguetes íbamos a llevar. Fue en ese momento cuando mi hija me dice que quiere bajar sus juguetes, esos dos últimos que acaba de recibir, y que además, no está dispuesta a compartirlos con nadie.

En el parque siempre, o casi siempre, hay niños, y suele ocurrir que quieran jugar con los juguetes de los demás, no se sabe por qué, pero parecen mucho más interesantes los juguetes de los demás niños que los suyos propios. La tónica general es que algún adulto siempre dice a los niños algo así como:”los juguetes son de todos, tienes que aprender a compartir”.

Como no hay nada más instructivo que la propia práctica para aprender lo que le han enseñado a uno, me puse manos a la obra. Recordé lo que había escuchado sobre cómo hay que actuar en este tipo de situaciones en Andares. Hablé con mi hija y le dije: “mira cariño, estoy de acuerdo en que estos juguetes no los quieras compartir con nadie, son solo tuyos y por eso los vamos a dejar en tu habitación, en un sitio especial, el que tú elijas. Porque verás, al parque se bajan juguetes que los demás niños puedan utilizar, al igual que tú puedes jugar con los de tus amigos. “

Después de reflexionar sobre lo que la estaba proponiendo, aceptó el trato. Fuimos al parque y llevó tres juguetes que sí estaba dispuesta a compartir con sus amigos.

Durante el segundo año de clases de juegos (entre los 24 y 36 meses del bebé), se enseña a los niños a compartir, pero también nos enseñan a los padres a respetar sus cosas. Todo esto lo consiguen a través de un juego muy sencillo. Se entrega a cada niño una anilla, quedándose la coordinadora del grupo también con otra. En ese momento, la coordinadora se acerca la anilla a su pecho sujetándola con las dos manos y dice “mío, mío, mío”, para afianzar con el lenguaje no verbal el concepto de pertenencia. De los que no están dispuestos a entregarla, se respeta su decisión. Si el niño se la da, la coordinadora vuelve a repetir los gestos que acompañan a las palabras “mío, mío, mío”, y posteriormente se devuelve su anilla a cada niño.

Con el tiempo, al igual que mi hija, he reflexionado sobre este juego, que aparentemente puede parecer un tanto peculiar. Con él he comprendido mejor el concepto de “compartir” y de otro más importante “el respeto”. Y me preguntaréis ¿el respeto a qué?, el respeto a sus cosas. Al fin y al cabo, los adultos también tenemos cosas que no nos gusta compartir con nadie ¿por qué nuestros hijos no?

Para mí, como madre es muy importante que mis hijos sepan compartir, que practiquen la generosidad voluntaria, siendo ésta una virtud positiva en el ser humano. Pero también que se sientan seguros y que sepan que vamos a respetar esa pequeña parcela, o ese sitio especial, donde pueden guardar sus tesoros que solo son de ellos y de nadie más, esto les aporta confianza.

La verdad es que hoy por hoy, que mi hija tiene siete años y el pequeño casi dos, estoy muy satisfecha y orgullosa de mis hijos, porque ambos son muy generosos. Es un placer verles sonreír cuando dan o prestan algo, sin recibir nada a cambio.

Espero que esta pequeña historia, que he querido compartir con vosotros os sirva tanto como a mí.

También me gustaría agradecer a Andares sus enseñanzas.

¡Vamos a la cama!

¡Vamos a la cama!

¿Cómo incorporar los límites en la rutina diaria de nuestros hijos?

Hacer atractiva la vida cotidiana de los más pequeños puede ser muy divertido para el entorno familiar.
Los días pasan y las costumbres diarias se convierten en rutinas, si conseguimos que estas se transformen en un aprendizaje entretenido de una forma tierna y amena, los niños lo recordarán durante toda su vida.

Podemos inventar un cuento delicioso para cada ocasión.
Presentar las diferentes actividades como algo “que vale la pena vivir”, convirtiendo al niño en el protagonista del cuento, de esta forma querrá repetirlo todos los días.
Los niños a estas edades tan tiernas, permanentemente repiten todo aquello que les ha resultado divertido.

Seguramente ya habrás observado en tus hijos que cuando juegan o escuchan un cuento quieren repetirlo hasta el cansancio.
Es normal, ellos saben que es justamente ÉSTO lo que necesitan para su DESARROLLO INTEGRAL para avanzar en esta gran aventura que es la vida.
Entre la rutina diaria se encuentra por ejemplo como conseguir que el pequeño quiera ir a la cama
Disfrutar del momento “ir a la cama”

Aquí te ofrecemos una idea que en realidad la inventaron los peques y nosotros tan solo lo hemos puesto en “escena”.
Lo primero hay que distinguir entre “ir a la cama” e “ir a dormir”. Nuestro objetivo es hacer atractivo el concepto de la “cama”.
Seguramente tu pequeño tiene su peluche preferido que siempre lleva consigo cuando llega la noche. Supongamos que es un osito.
Entonces le decimos al niño: “vamos a preparar la camita, es que el osito tiene ganas de meterse en ella”.
Os dirigís juntos hacia el dormitorio con el osito, durante el camino vais desvistiendo al osito y los acostáis juntos diciendo: “que gusto entre estas sábanas suaves”, haciendo sonidos y gestos que transmitan placer al tocarlas (recuerda que tu niño todavía es muy pequeño y entiende mucho más el lenguaje no verbal que el verbal).

Ahora imita la voz del osito y di:” aquí estoy muy a gusto y seguramente tendré sueños muy bonitos donde seguiré jugando”, entonces los dos le dais el besito de buenas noches.
En este momento le dices a tu hijo con cara de placer: “nosotros ahora vamos al salón a disfrutar TÚ y YO JUNTITOS.
A mí lo que más me gusta es estar contigo y compartir este momento, es lo que más feliz me hace”.
En este instante de intimidad junto al pequeño podrías leer su cuento favorito o hacer su puzle predilecto que ya domina muy bien y no le suponga dificultad alguna, algún juego que ya sabes que tiene siempre éxito.
Mientras tanto puedes poner una música relajante.

En un momento determinado empiezas a bostezar estirándote diciendo “me está entrando un sueñito tan agradable, ven vamos a ver el osito, sh-sh-sh despacito en silencio”.
El osito ya se habrá dormido, te habrá preparado la cama mientras te esperaba y seguro que te encuentras muy a gusto en ella, que está cálida y placentera.
Mientras estas contando toda la historia vas desvistiendo y acostando el niño y le das el besito de las buenas noches.
Después sigues con tus costumbres de siempre en cuanto a dejar alguna luz, la puerta entornada o alguna música muy suave y muy muy bajita.

Los niños nunca quieren ir a dormir y a veces tampoco quieren salir de la cama, así que por la mañana empezamos con otro cuento: “ahora dejaremos descansar la camita durante el día para que se refresque y se estiren las sábanas, si quieres puedes ayudarme un poco y así a la noche te recibirá con sus alas doradas (aquí haces el gesto de abrir los brazos muy amplios y los vas cerrando alrededor del cuerpito del peque para acogerlo y finalmente fundiros en un gran abrazo). Bueno ahora sí que estamos preparados para el día y nos damos el besito de los buenos días (es importante decir que ahora es de día, ya que ellos no saben todavía distinguir entre el día y la noche)”.

Cómo puedes observar en ningún momento hablamos de “dormir” cuando vamos hacia el dormitorio para ver si el osito ya se ha dormido.
Si es necesario ensaya varias veces hasta que te salga creíble los gestos, voces y especialmente transmitir QUE TU MAYOR FELICIDAD ES DISFRUTAR CON ÉL en estos momentos, a pesar de estar muerta de cansancio y lo único que piensas es meterte tú en la cama.
Ser padres, además de cientos de cosas más nos enseña a ampliar la creatividad, aceptar la renuncia, elevar nuestros niveles de paciencia pero todos estos ingredientes día a día nos abren también el corazón hacía el verdadero amor.

¡Vamos a la cama! Elizabeth Fodor

Dormir soñando

Llega la noche, el cielo cierra sus ojitos azules
y la casa entorna sus puertas para ir a descansar.
Y tú, hijo mío, reclina la cabeza en tu cunita
para que el sueño te lleve en sus alas doradas
al lugar donde te regalan besos, caricias y juegos felices.
Tu ropita duerme en la silla, los juguetes también,
el autobús y el parque sueñan contigo bajo las estrellas.
Mañana serás feliz cuando salgan los primeros rayos de sol iluminando
tu cabecita.
Duerme mi niño, duerme (nombre del niño), duérmete ya.
Durante la noche papá y mamá te cuidarán.

Elizabeth Fodor Todo un mundo de emociones Pirámide

.

¡Ya estoy aquí!

¡Ya estoy aquí!

Hola mamá, hola papá, hola familia.

Ahora que ya he llegado quiero conoceros y descubrir el mundo junto a vosotros.

Front page Elizabeth Fodor

Para comprender al bebé en los tres primeros años de vida y como debiera ser nuestra actitud frente a él, es fundamental conocer el desarrollo integral del pequeño así como las principales características de cada etapa.

UNA REFLEXIÓN “Es prioritario tener en cuenta que los bebés son radicalmente diferentes de nosotros.”

SOLO SABEN JUGAR

Continuar leyendo “¡Ya estoy aquí!”

Colaboramos con EDUKAME

Tenemos una bueniiiiiiiiiiiiisima noticia que darte.
Colaboramos con EDUKAME, donde podrás encontrar divertidos juegos, revistas digitales y consejos prácticos sobre el desarrollo de los más pequeños.

Súper novedad y muy interesante para crecer juntos mamás, papás e hijos.

Mis papás son superhéroes, ¿y los tuyos?

Tanto si eres profesional, papá o mamá, solo por el hecho de estar vinculado al Centro Andares o al Campus Virtual “educadores, padres y bebés en acción” podrás disfrutar de un regalo digital de bienvenida

EDÜKAME ofrecen con todo el cariño para ti un regalo digital de BIENVENIDA
Para acceder a Edúkame con coste 0€ solo has de seguir los siguientes pasos:

1. Dirígete al siguiente enlace:

http://edukame.com/fodor
“Kit de bienvenida Edukame – Fodor”

2. Haz clic en el carrito de la compra, pero tranquilo/a, que será con coste 0€ pues como te digo es un regalo.
3) Haz clic en Tramitar pedido.
4) Pon tu mail y una contraseña como te pedirán, para que así la web pueda identificarte.
5) Dale a Finalizar.
6) Te saldrá una cesta muy graciosa y contenta por la compra (gratuita) que además dice: PUEDES DESCAGARTE LOS ARCHIVOS EN TU PERFIL, si haces clic ahí, irás al apartado de Edúkame donde podrás descargarte el Kit de bienvenida,
7) Puedes mirar el regalo a través del ordenador o bien puedes descargarlo en tu ordenador para imprimirlo en tu impresora. Otra opción es acudir a una copistería e imprimir en tamaño Póster.

Esperamos que disfrutes con muchos mimos de los juegos y sobre todo, de tu pequeño. No olvides colocar en un lugar visible el póster.

¡DISFRÚTALO!

Un abrazo
Elizabeth Fodor

“SOPLARÉ, SOPLARÉ Y TU VÍNCULO NO ROMPERÉ”

Hola, soy una madre con dos hijos y quiero contaros mi experiencia sobre la lactancia con mi segundo hijo de veintiún meses.

Primero me gustaría que conocierais un poco a mi hijo. Eduardo es un niño muy sociable y cariñoso, derrocha alegría y es muy empático.

Para que sepáis todos los condicionantes que rodean nuestra historia, os tengo que poner en situación, con dos meses de vida, le detectaron un “quiste dermoide” en la ceja izquierda, el cual al ir creciendo podía afectar a su visión, por lo que a los seis meses de su detección, los médicos decidieron que había que operarlo. Con quince meses se lo extirparon y todo fue fenomenal, aunque os podéis imaginar el calvario que hemos pasado.

Durante veinte meses he estado alternando la lactancia materna con la nutrición recomendada según su edad. Hasta los dieciocho, Eduardo estaba muy bien, a pesar de la intervención. Pero en una revisión pediátrica, el niño había perdido peso, aunque no había dejado de crecer. Yo sabía perfectamente lo que la pediatra me iba a decir, yo cogía a mi hijo en brazos todos los días, sabía que no estaba engordando y que uno de los problemas era que sustituía parte de la alimentación con la lactancia. También era consciente que dada su edad, el pecho para él no era una necesidad fisiológica sino un vínculo especial con su madre, el momento que los dos teníamos para nosotros solos, en el que no participaba nadie más y en el que me tenía para él solo, con palabras de cariño, de tranquilidad.

La pediatra me aconsejó la retirada de la lactancia y que lo mejor es que empezara a ir a la guardería, para establecer rutinas y que seguramente, el ver comer a otros niños le iba a ayudar. Os podréis imaginar cómo salí de la consulta, lo único que pensaba era: “vaya madre que soy, no soy capaz de enseñar a mi hijo buenos hábitos y costumbres, y lo tengo que llevar a otro sitio para que se lo enseñen”. También es verdad que me sentía sin fuerzas, durante veinte meses no he dormido más de dos horas diarias y os aseguro que el cansancio hace estragos y no te deja pensar con claridad. Resumiendo, mi autoestima por los suelos (siendo consciente que a mí hijo no le ayudaba en nada mi estado) y preocupada por la situación médica de mi hijo. Así que aunque agotada, tenía que tomar una decisión por su bienestar, no iba a delegar esta responsabilidad en nadie, tenía que ser mía.

Como casi siempre tu entorno te quiere ayudar y no tiene problemas en aconsejarte gratuitamente. Durante todo este tiempo os podréis imaginar que todo el mundo opinaba y escuchabas cosas del tipo: “pues ya es hora de destetar al niño”, “es que tiene un vicio”, “esto tiene que acabar porque así no podemos seguir, ni descansa él ni nosotros”, “¿qué tal seguís igual?”.

Un día una buena amiga me hizo una pregunta crucial, de las que te hace pararte un momento a pensar: “¿realmente tú quieres dejar de dar el pecho a tu hijo? Como comprenderéis la respuesta necesitaba cierta reflexión y así lo hice. Sabía que a mí hijo la lactancia no le estaba ayudando en su crecimiento físico, pero por otro lado no quería que el dejar la lactancia le supusiera un trauma. Así que analicé los hechos lo mejor que pude, tal y como hacemos todas las madres y mi respuesta a la pregunta era “Sí”, teníamos que dejar el pecho por su beneficio. La pediatra me había aconsejado no dejar la lactancia después de la operación, ya que para él había sido una experiencia dolorosa, pero ahora ya había pasado un tiempo prudencial como para que el niño y yo pudiéramos asumir el cambio. Yo estaba reacia porque creía que necesitaba ayuda externa, ya sabéis lo de que el biberón se lo tiene que dar otra persona que no sea la madre, pero realmente mi hijo ya era mayor y su capacidad de entendimiento era suficiente, lo que me permitía cierta flexibilidad para hacerlo yo sola. También pensaba que el vínculo con mi hijo podía deteriorarse. Ya no tendríamos nuestro momento. Todo esto era producto de mi imaginación.

Mi primera decisión fue que la retirada iba a ser paulatina, primero quitar las tomas intermedia y dejar solo la vespertina y la nocturna. Evidentemente sabía que esto no era la solución porque seguía durmiéndose en el pecho y las noches eran un infierno. Toda la noche enganchado y como el cansancio puede contigo el colecho se hace presente en tu día a día. No es que esta práctica sea buena o mala según mi opinión, pero todo depende de las circunstancias del bebé y del entorno que le rodea. Para nosotros el meterlo en nuestra cama era una situación cómoda, pero Eduardo no descansaba las horas normales de un bebé para su edad (como mucho dormía dos o tres horas seguidas, el resto estaba irritado o mamando). Así que había que dar un paso más.

Sí sé el porqué, pero no sé cómo, un día cuando llegué a casa después de una velada familiar, mí instinto me dijo que era el momento (después de haber estado mucho tiempo diciéndole a Eduardo que los niños mayores ya no toman pecho que toman leche como su hermana mayor). Y así lo hice, esa noche después de su cena, le dije que no había “teta”, como él la llama, que ya era mayor y que los niños de su edad no la toman. Me hice fuerte y no cedí a sus peticiones, con todo el dolor de mi corazón, reforzándome pensando que era por su bien y por el de la familia.

Yo tenía un miedo particular o maternal, llamadlo como queráis, pero no quería que mi hijo asociara que su madre era la persona que solamente le daba cobijo por el hecho de darle el pecho. Yo también era esa persona que jugaba con él, le paseaba, le consolaba, le abrazaba, le daba besos, sin necesidad de estar dándole de mamar. Podía encontrar en mí ese consuelo sin estar enganchado a mi pecho, quería que supiera que yo todo eso se lo iba a dar incondicionalmente.

Como podréis imaginar la primera noche no fue nada fácil, pero me ayudó mucho el hacer partícipe a mi hijo de mis miedos. Después de conseguir que se durmiera en su cuna sin ayuda del pecho, se despertó y cuando no fui capaz de calmarlo sin sacarlo de donde dormía, lo cogí en brazos y me lo llevé al salón, nos sentamos en el sofá y envolviéndolo en mis brazos con todo el cariño del mundo le empecé a decir: “cariño a partir de ahora no vamos a tomar teta, porque ya somos mayores, pero mamá te quiere mucho y te va a seguir dando besitos, abrazos, masajes, no tengas miedo porque vamos a seguir teniendo nuestros momentos, que solo serán nuestros, no quiero perder lo que tenemos entre nosotros”.

Tengo que deciros que a partir de entonces, Eduardo duerme más horas seguidas, que le han ayudado a su descanso y a estar más activo por las mañanas, lo que permite poder jugar más tiempo, hasta su única hora de la siesta después de comer. También puedo jugar durante este tiempo con mi hija mayor y dedicarle algo más de tiempo.

Ahora nuestra calidad de vida ha mejorado sustancialmente. Por mucho que SOPLARAN Y SOPLARAN MIS MIEDOS, el VÍNCULO con mi hijo no ha cambiado, de hecho ha mejorado. Ahora me doy cuenta que me eran mis miedos e inseguridades las que no me permitían tomar una decisión, pero que realmente él estaba preparado y que no lo necesitaba. Ahora nuestro vínculo no es el pecho sino nuestros momentos a solas (sin estar mamando), contando cuentos, lo que estamos haciendo y cómo será nuestro mañana.

He estado en el pediatra esta semana y le he contado todos sus avances y está impresionada y muy contenta (Eduardo ha engordado más de su incremento mensual habitual,) sobre todo porque hemos sido capaces de hacerlo solo con ayudas familiares y no externas. Después de hablar con ella, ahora entiendo que las indicaciones de la pediatra en su día, eran un reclamo de mi atención. O eso quiero pensar, porque los últimos acontecimientos indican una gran mejoría en todos los sentidos.

Espero que mi experiencia os pueda ayudar. Y dar las gracias a esa buena amiga que como ya os he dicho me hizo replantearme la situación.